Alienación del amor en la sociedad moderna
Hablemos del amor, ese sentimiento que
todo el mundo persigue de manera cuasi enfermiza. Como un sueño de
extrema belleza pero inalcanzable. Hablemos de ese sentimiento cuya
hermosura rebosa precisamente en su imposibilidad, en esa erotización
de lo que se considera situado en la raya entre lo ficticio y lo
real.
¿Es el amor un cliché de las películas? ¿Es un elemento más de obras literarias y audiovisuales? ¿Existe a caso un sentimiento que pueda ser descrito como “amor”? Debemos precisar que el “amor” al que nos referimos aquí no es el “amor fraternal”, ni el “amor a otros humanos”, no quiero que detengamos esta reflexión a en esa filantropía básica tan cercana al “buenismo político” y tan usada como “filosofía barata de facebook”en la que se sentencia que el auténtico amor es ese “que se profesa hacia los seres queridos”.
Todos nos sabemos esa excusa simple y llana que se utiliza para disculpar todos nuestros fracasos en relaciones. Esa famosa frase “el auténtico amor no lo sientes hacia una persona de tu mismo/distinto sexo consistente en buscar compartir toda tu vida con ella, sino que es un sentimiento de aprecio exacerbado hacia quienes te rodean por compartir tu misma franja temporal en esta odisea que llamamos vida”. No, yo quiero que pensemos acerca del “amor” ideal que nos venden en toda obra ficticia en la que nos prometen que con paciencia y mucha suerte, tarde o temprano encontraremos a [esa] persona que, con esfuerzo de ambos, encajará en nuestra vida de forma inigualable a otra. Bien, yo creo que, para empezar, hay varios errores en esta idea, puesto que no existe una única persona con la que podamos conectar a ese nivel en nuestra vida. No existe [esa] persona única que si no conoces te condenará a estar sólo. Creo que podemos conectar a ese nivel con muchas personas. Muchas personas podrían convertirse en “el amor de tu vida”, esa persona con la que entables una relación que se mantenga años y años, incluso toda la vida. Ahora bien, que ésto sea posible no significa que cualquiera valga para ello, puesto que aunque podamos conectar a ese nivel de intimidad con muchos de nuestros coetáneos a lo largo de nuestra vida, realmente habrá muy pocas personas, o casi ninguna, con la que uno esté realmente dispuesto a sacrificar lo que la vida en pareja implica y que, a su vez, su compañero/a esté también dispuesto/a a ceder cuando sea necesario para lograr dicha meta.
¿Es el amor un cliché de las películas? ¿Es un elemento más de obras literarias y audiovisuales? ¿Existe a caso un sentimiento que pueda ser descrito como “amor”? Debemos precisar que el “amor” al que nos referimos aquí no es el “amor fraternal”, ni el “amor a otros humanos”, no quiero que detengamos esta reflexión a en esa filantropía básica tan cercana al “buenismo político” y tan usada como “filosofía barata de facebook”en la que se sentencia que el auténtico amor es ese “que se profesa hacia los seres queridos”.
Todos nos sabemos esa excusa simple y llana que se utiliza para disculpar todos nuestros fracasos en relaciones. Esa famosa frase “el auténtico amor no lo sientes hacia una persona de tu mismo/distinto sexo consistente en buscar compartir toda tu vida con ella, sino que es un sentimiento de aprecio exacerbado hacia quienes te rodean por compartir tu misma franja temporal en esta odisea que llamamos vida”. No, yo quiero que pensemos acerca del “amor” ideal que nos venden en toda obra ficticia en la que nos prometen que con paciencia y mucha suerte, tarde o temprano encontraremos a [esa] persona que, con esfuerzo de ambos, encajará en nuestra vida de forma inigualable a otra. Bien, yo creo que, para empezar, hay varios errores en esta idea, puesto que no existe una única persona con la que podamos conectar a ese nivel en nuestra vida. No existe [esa] persona única que si no conoces te condenará a estar sólo. Creo que podemos conectar a ese nivel con muchas personas. Muchas personas podrían convertirse en “el amor de tu vida”, esa persona con la que entables una relación que se mantenga años y años, incluso toda la vida. Ahora bien, que ésto sea posible no significa que cualquiera valga para ello, puesto que aunque podamos conectar a ese nivel de intimidad con muchos de nuestros coetáneos a lo largo de nuestra vida, realmente habrá muy pocas personas, o casi ninguna, con la que uno esté realmente dispuesto a sacrificar lo que la vida en pareja implica y que, a su vez, su compañero/a esté también dispuesto/a a ceder cuando sea necesario para lograr dicha meta.
¿Crees que estoy
loco? ¿Piensas que esto son divagaciones absurdas? O... por el
contrario, ¿te parece, aunque sea en una pequeña parte de tu ser,
que podría tener parte de razón? ¿No te parece algo “posible”?
Incluso puede que hayas evocado en tu mente recuerdos de parejas
pasadas con las que conectaste a ese nivel y pensaste que podría ser
la indicada... hasta que algo pasó y rompió tus esperanzas. O
también puede que ahora mismo sientas esa conexión especial con
alguien a quien no quieras dejar escapar y tengas ese pequeño nido
de miedo en un rincón de tu ser que te recuerda de vez en cuando
“esto podría peligrar en algún momento”. Bueno, no tiene por
qué acabar, ni tampoco por qué durar. El destino de las relaciones
depende en última instancia de las personas que acordaron
establecerlas, no de un sino previamente determinado ni de sucesos
ajenos a nuestro control. El fin de la relación se debe, siempre y
de forma decisiva, a que una de las dos partes, o ambas, deciden que
no merece la pena seguir las reglas y condiciones que surgen de la
relación. Y el gran problema aquí es que en la sociedad actual, al
igual que la libertad se entiende como “posibilidad de adquirir
más/hacer más cosas (que realmente se traduce en “seguir el
impulso egoísta y efímero del momento”)”, en lugar de
“potencialidad de crecer de manera autodeterminada acorde a la
voluntad personal, con vistas a obtener el futuro deseado dentro de
las propias opciones”. Es decir, en esta sociedad la libertad se
comprende de un modo “negativo” (ausencia de restricciones a las
propias pulsiones), en detrimento del modelo “positivo”
(capacidad de potencialidad, es decir, posibilidad de dirigir el
propio crecimiento personal en el camino que se desee, autorregulando
el propio comportamiento y autolimitándose en pro de encaminar la
vida hacia un futuro acorde a nuestras expectativas).
Si no
entiendes a qué quiero referirme, ahora te lo explico, no tengas
prisa. Con esto quiero decir que, si la sociedad se comprende desde
el modelo negativo, como la ausencia de barreras a los propios deseos
(poder satisfacer el deseo que tengas en el momento), pudiendo
comprar lo que quieres en el momento y construyendo de esta forma una
identidad basada en lo que deseas en cada situación y la ausencia de
límites para el arbitrio particular, donde te definen los elementos
presentes y tus posesiones más que tus aspiraciones y expectativas
propias, donde no eres más que “lo que tienes y lo que puedes o no
hacer ahora”, ¿cómo esperas que el amor pueda entenderse de otra
manera? Puesto que si la identidad del propio individuo no son sus
esfuerzos y autolimitaciones en favor de lograr unas metas a largo
plazo, la identidad y esencia de sus emociones no puede distar mucho
de estas condiciones, no siendo otra cosa que “la ausencia de
límites a la hora de consumar la pulsión momentánea”. Así pues,
la amistad no es sino el sentimiento que se crea “con cualquiera
sin la limitación de deber compartir con él/ella lazos de sangre”
(así pues la amistad es la posibilidad de compartir intereses fuera
de la familiaridad, más que el acuerdo mutuo de dos individuos de
cooperar en todo momento para cuidarse en los momentos más
difíciles, apoyarse en sus iniciativas y disfrutar en los momentos
de victoria). Aquí se comprende como “amigo” a esa persona ajena
a la familia con la que se queda para satisfacer un deseo del momento
(“me apetece salir un rato”) y no llevando más allá esta
idea.
Pasa lo mismo con una idea como la de “amor”. En esta
sociedad se ha enajenado y deformado su esencia, de tal forma que el
esperpento que actualmente se conoce como “amor” no va más allá
de “compartir el momento con alguien a quien se desea en este
instante”, siempre salvaguardando ese pequeño seguro o garantía
de poder abandonarlo si en un momento, por cualquier posible
coyuntura, ese deseo se reduce por alguna dificultad o esfuerzo. El
amor no es ya el deseo de comprender a la otra persona y ayudarla a
potenciar sus capacidades, apoyarla en sus empresas y fomentar su
crecimiento personal, sino que pasa a ser una idea egoísta de
compartir el momento con alguien a quien se desea amoldar
completamente a uno mismo, a quien no se pretende potenciar, sino que
se pretende consumir como cualquier otro objeto para “mal
crecer” uno mismo. Así, cuando uno siente que esa otra persona
no le aporta nada, decide acabar. Nunca se piensa en qué aporta uno
a la relación, sino en lo que la relación le aporta a uno. Y cuando
la persona se centra en ver qué le dan y se olvida de que también
tiene que dar, no da. ¿Cómo pretendes que una relación te aporte
algo cuando a ti cuando has dejado de lado reflexionar sobre qué
estás aportando tú?
El amor no es ya otra cosa que el
egoísta deseo de que a uno le aumenten el ego al sentirse querido
por alguien, pero sin arriesgarse nunca a querer. ¿Por qué? ¿Porque
se es joven y se tiene que disfrutar la vida? ¿Quién dice cómo se
disfruta o no la vida? Siempre se nos repiten las mismas máximas.
“Eres muy joven para tener una relación, tienes que centrarte”.
“No te enamores, disfruta el momento”. Al final, en última
instancia, quien decide cómo va a ser la relación y si está
destinada a, como algunas amistades, fomentar el crecimiento de ambos
integrantes o, por el contrario, es una mentira egoísta, somos
nosotros.
Pero, al fin y al cabo, todas las tías son unas putas y todos los tíos somos unos cerdos, ¿no?
-Álvaro Sempere
Soto
Es una buena reflexión, pero es que al fin y al cabo da igual. Pasará lo que tenga que pasar en la relacion y no es culpa de nadie. Lo importante es encontrar a alguien que te ilusione y te haga estar a gusto, no a quien sea para no estar solo o para tener algo en lo que pensar. Además, si no nos queremos a nosotros mismos primero y tenemos nuestra vida medianamente organizada, no vamos a creer que nadie nos quiera. Y esto último es porque tenemos que saber qué es lo que quieren de nosotros y lo mucho que valemos.
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